“hackers tumbaron brevemente la web de la CIA ayer…”
lo que la gente oye: “¡¡alguien se ha colado en los ordenadores de la CIA!!”
lo que un experto en ordenadores oye: “¡¡alguien ha arrancado un cartel colgado por la CIA!!”
la world web war y los ataques DDoS.
llamar guerra mundial a un conflicto en el que la principal arma de un bando consiste en imponer por diferentes medios de presión la implantación de leyes que aseguren la subsistencia de un determinado modelo de negocio obsoleto -a la par que abusivo-, y la del otro bando en dejar sin acceso de forma temporal las webs de los principales representantes del bando opuesto, puede parecer a priori exagerado.
pero es una guerra, aunque no lo sea en el sentido estricto de la palabra, y es mundial -o mejor dicho global-, aunque no implique a estados que van unos contra otros, sino a grupos de presión y a ciudadanos cabreados.
en el ámbito de las protestas ciudadanas, muchos -seguramente la inmensa mayoría- somos los que defendemos y siempre defenderemos los metodos pacíficos. o, yendo un poco más allá, los métodos que no puedan generar repulsa en la opinión pública.
pero las protestas digitales son un mundo relativamente nuevo y el desconocimiento e inexperiencia dejan terreno baldío a la libre interpretación de los actos. y claro está, los que controlan la opinión pública se apresuraron en su día a instaurar la visión de que un ataque DDoS es un peligroso y violento método usado por piratas informáticos que infringe cuantiosos daños a la entidad atacada.
en palabras llanas, en lo material, un DDoS no es más que como si muchos usuarios se pusieran de acuerdo para abrir a la misma vez y un número repetido de veces una determinada página web, de modo que esta se sobrecarga y el servidor cae. una vez, hace tiempo, discutiendo con un conocido mis dudas sobre la legitimidad -que no legalidad- de los DDoS me estableció la siguiente analogía: un DDoS, en la calle, equivaldría a una sentada delante de la puerta de un centro comercial, de modo que los compradores no pueden entrar.
en aquella ocasión, yo le argumenté que tal vez sería más bien como si los participantes en esa sentada siliconaran la cerradura de dichas puertas, porque, efectivamente, algo de daño sí que se infringe en el servidor, en el sentido de que tiene que venir el técnico a volver a levantarlo. pero lo cierto es que es más bien como si las puertas del centro comercial tuvieran un sistema de seguridad que las cerrara cuando detecta que por alguna razón los usuarios no pueden entrar. porque, volviendo a lo práctico, a lo material, en el acto del ataque no se hace nada que sea ‘técnicamente’ ilegítimo. la señal enviada por los softwares de ataque DDoS -como loic- al servidor no difiere prácticamente en nada de la que envía un navegador convencional.
lo éticamente discutible, lo ilegítimo -al menos en la visión oficialista- y lo efectivamente ilegal, reside exclusivamente en la organización y, sobre todo, en la finalidad.
dicho en otras palabras, la ilegalidad de los ataques DDoS -vigente en españa y en la mayoría de los estados desde hace muy pocos años- es una forma de represión del derecho a manifestación en el campo de lo digital, que aprovechó el escollo de lo novedoso y desconocido para erigirse en lo oficial.
y eso, a mi parecer, los legitima y hace que sea un poco menos exagerado llamar guerra mundial a los acontecimientos que estamos viviendo.
